martes, 15 de septiembre de 2015

RELECTURAS METRO


Las últimas  semanas he aprovechado el viaje en el metro que hago desde mi casa al trabajo para releer los clásicos o libros ya leídos hace tiempo. Para elegirlos deben cumplir con ciertas características: pertenecer al género del terror, novela gótica, literatura de fantasmas, simbolismo, existencialismo,  entre otras, que me ayuden a sintonizar con el ambiente del subterráneo.

La semana pasada me encontraba leyendo “El Pozo y el Péndulo” del gran Poe, el vagón sin aire estaba muy caliente, no había forma de agarrarme para no caer, pues los pasamanos estaban copados de manos y cuerpos recostados a él. Como pude busqué el equilibrio y me entregué a la lectura. Pero de pronto sentí que alguien me miraba, con prejuicio o tal vez rabia. Busqué el origen de esa sensación, pero no atiné a encontrar sino miradas huidizas y anónimas.

El calor se hacía insoportable, el aire acondicionado no servía, pero bajarme en la próxima estación, sería condenarme a caminar unas cuadras oscuras y frías, llenas de personajes iracundos e inhumanos, era como lanzarse a un pozo sin saber su profundidad. Pronto el vaivén del vagón casi me hizo perder el equilibrio, fue cuando me di cuenta que estaba disimuladamente rodeado por cuatro individuos de repulsivas miradas e intenciones. Eran tres hombres y una mujer, que esperaban el próximo bamboleo, para disimuladamente arrebatarme mis pertenencias. Otro vaivén y sentí rozar la mano, con un pequeño cuchillo, de uno de ellos, que me miró amenazante. Tenía que escapar de allí, examiné mis posibilidades y vi al fondo del vagón a dos pedigüeños que hacían su presentación para avivar “la buena voluntad” de los usuarios.  

Tan pronto uno de ellos me miró le hice seña, ofreciéndole dinero y como roedores amaestrados corrieron a mi lado, esquivando cuerpos y maletas y como tales, sin que los maleantes pudieran evitarlo, estaban uno a cada lado de mí, esperando el dinero ofrecido. Con cuidado metí la mano en el bolsillo y saque algo de dinero para dárselos y pedirles ayuda pero otro vaivén y uno de los pedigüeños se sobresaltó un poco y me arrebató el dinero, para perderse entre la gente, asustado al percatarse del cuchillo en la mano de uno de los ladrones.

Y en ese instante, cuando ya los malhechores me rodearon decididos a todo o nada, con un cuchillo en la mano cada uno, un sacudón y frenazo del tren los hizo tropezar y uno de ellos corto mi brazo superficialmente, pero la sangre salió abundante y escandalosa. Siguieron los gritos  y la histeria, todo el mundo se separó, se oía la alarma sonar y sin embargo todos me dejaron contra la puerta, arrinconado por aquellos seres que babeaban rabia y ansiedad. Volvió a moverse el metro y justo cuando uno de ellos me arrancaba el teléfono, el bolso y la cartera, la puerta se abrió, una mano me haló con fuerza hacia  afuera y vi como los maleantes corrían perseguidos por la policía. Me agaché para recoger lo único que habían botado, con asco y decepción, los ladrones en su huida, el libro de Cuentos de E. Poe Clásicos Universales Ediciones Integra.

Otra mañana, el tren extrañamente iba con pocas personas, así que me senté y como por el movimiento entrecerré los ojos tratando de descansar, pero no pude, el aullido ahogado de lo que me pareció un chacal, al fondo del vagón, me lo impedía. Abrí los ojos completamente y traté de sacar el libro y ponerme a leer. Pero me encontré convertido en un insecto, echado sobre mi duro caparazón de mi espalda, con horror vi innumerables patas delgadas salir de mi vientre, agitadas rápidamente buscando un equilibrio. El resto de la gente, parecían no advertir nada, pero en el fondo  seguía oyendo los aullidos.
̶ ¿Qué me ha sucedido?

Uno no debe madrugar tanto, dejarse atropellar por esta jauría, mirar sus ojos cansados y devastados, pues uno se cansa y comienza a imaginarse cosas, el horror vacui. Me picaba el vientre, que estaba cubierto por puntitos blancos, traté de rascarlo con una de las patas pero la sensación al tacto de mi vientre, me dio escalofríos. Cómo saldría de allí, las luces del túnel me provocaban nauseas acompañada por una nostalgia por la luna o tal vez por algo que no alcanzaba a recordar.

Mientras el tren se acercaba a la estación siguiente, varios coyotes se apostaban en la puerta para salir en manada y al alejarse la gente, disimiles y llenas de violencia diaria, mi cuerpo se recuperaba de su transformación, guardaba el libro La Metamorfosis de Franz Kafka,  dentro del bolso y con esfuerzo caminaba hacia la salida. Una mujer me preguntó algo, respondía con un chirrido animal, mis cuerdas vocales aún estaban presas de la metamorfosis.
Esta semana comencé a releer a Guy de Maupassant y a Horacio Quiroga, seguro serán de gran compañía en los viajes en el Metro, pues llevaré a pasear mi jaulita de moscas verdes de rastreo por toda la ciudad. No se preocupen les haré saber qué habré encontrado.


RECOMENDACIONES PARA EL METRO:
En la Calle del Alquimista y El Castillo de F. Kafka y si lo pueden conseguir Dibujos.
Cuentos de Edgar A. Poe.
Y también puedes leer algo de Bukowski:
"agonía, siempre

agonía…"


The Thinker F. Kafka

miércoles, 2 de septiembre de 2015

Improvisando el metroviaje

No es una exageración cuando uno se monta en el Metro de Caracas y nota que no has tocado el suelo para desplazarte, no. Los usuarios en una especie de frenesís ancestral de la época de los simios, al abrir la puerta el vagón,salen y entran en un empujar-halar propio de las películas apocalípticas y tú, que aunque llevas una eternidad usando el metro, estas allí, educado con cara y actitud de "qué fácil ser un  buen ciudadano", haciendo la cola y esperando por entrar en orden, pero eso es imposible. En esa furia loca de lleva y trae, te levantan, no sin antes darte unos golpes ablandadores de la moral y de la buena educación, oyes que nombra a tu madre y luego sí, te levantan y depositan, mejor dicho te arruman cual saco de papas, justo frente al tubo, ese donde todos se agarran y tú quedas incrustado entre el metal y las axilas de los otros usuarios, preguntándote si debes darles las gracias por el traslado o vomitar por los olores. Y ruega a Dios, no te toqué tratar de sostenerte del pedacito libre del tubo donde precisamente viene recostando sus senos, que van desde las clavículas hasta el hipogastrio y más abajo inclusive, la señora mayor con cara de perro, allí tendrás que hacer equilibrio o agarrarte del Universo, como dice una amiga.

Tampoco es una virtud esa la de dar el puesto, no, si te atreves a dar el puesto a una anciana, una embarazada, a una dama o a un lisiado, te encontrarás que la testosterona libre en la sangre, pero evidentemente escasa en las esféricas, si puede producir malos ojos y ojos asesinos entre los hombres que permanecen sentados, semi-dormidos o metidos en sus pantallas. Te mirarán de tal forma que te harán recordar aquello de "en la salida nos vemos". Y uno sin poder evitarlo, es natural es consecuente a los músculos cuando ves a una embarazada u otra persona que si necesitan sentarse, saltas y bajas la vista, no vaya ser que alguien si decida esperarte afuera.

Otra cosa que debes evitar es todo aquel que lleva el morral a sus espaldas, son sujetos con un grado más alto de violencia que un político del gobierno con un micrófono en el canal del estado. Los sujetos que llevan el morral a sus espaldas calculan milimetricamente como empujarte con él y ellos hacerse los que no sienten nada, pero este es el preámbulo de sus juegos, si te descuidas te encajarán la cara entre los tubos que están para sostenerse o en el peor de los casos te aplastarán contra el vidrio de la ventana, de una forma tan veloz y fuerte que quedarás con la boca abierta contra el vidrio y por el movimiento del vagón, más la mala voluntad del sujeto, terminarás por limpiar toda la ventana con tu lengua y tu saliva, Así que no te acerques al sujeto del morral, ese es un Freddy Krugger con joroba.

Y por último un ejercicio  de matemáticas muy común en el metro: si María tiene 25 panes y un kilo de mantequilla y se come 17 panes con kilo y medio de manteca, por qué usa esos leggins?




sábado, 29 de agosto de 2015

Lluviametro

Como recordarán estaba alejado un poco del Blog, la realidad supera cn creces los cuchitriles de Caracas, pero las historias que se suceden ahora en nuestro Metro son inimaginables.

En una noche de lluvia, donde el aguacero caído del cielo era como un chorro abierto, el Metro se convirtió en un área de desastre, la fuerza de las aguas lo convirtieron en un desagüe.


Lastimosamente los usuarios pagaron esta falta de mantenimiento de los desagües de la ciudad y lo improvisado de las últimas "fiebre"por ampliar avenidas y autopista en la ciudad: desforestan, tapan posibles vías de agua, construyen sobre el río, colocan los materiales en la vía obstaculizando tránsito y vías naturales de las agua.Todo con un ardor electoral y sin al parecer planificación, incluso un pedazo de nuestro querido Cerro Ávila fue afectado por esta fiebre en pos de aumentar dos canales a la Cota Mil.

Aquí Desde los cuchitriles:

Mamá, hay un dedo en mi sopa

Bobby parece ser un hombre normal, pero es en realidad un especialista en seguridad informática (hacker) trabajando en el anonimato para gobiernos, gente de dudosa conducta y corporaciones, su vida, al contrario de lo que los demás se imaginan, realmente es gris y sin mucho ruido. Pero al recibir la noticia de la proximidad de la muerte de su madre por cáncer, viaja a su pueblo natal y los secretos de su pasado se revelan de manera trepidante y horrenda ante él. Bobby siente entonces despertar los viejos y reprimidos, impulsos de asesino en serie que él creía meras fantasías. 
Un inteligentísimo hacker, asesino en serie, caníbal, que desesperadamente necesita ser detenido, pero antes debe encontrar un contrincante igual de inteligente que le haga frente.

Publicado en: http://goo.gl/PPy4qs haz click para comprar o ver.

Concurso indie Amazon 2015








Reseña: Mamá, hay un dedo en mi sopa.Mamá, hay un dedo en mi sopa. by Benjamin Jiménez Molpo

lunes, 20 de enero de 2014

METRO REALIDAD

Hace tiempo tenía abandonado el blog, la pereza viene directamente de las REALIDAD del Metro de Caracas, de la cual una nube negra se ha apoderado, dejo de ser un espacio de sonrisas y bromas para convertirse en caras largas, ansiosas y hasta contenidas, tal vez por la violencia de la ciudad.
En el Metro somos testigos a diario de los empujones, de personas que parecen no importarle el otro el semejante. He sido testigo de hombres mayores, viejos pues, empujando a señoras de la tercera edad para sentarse en el puesto azul de preferencia para ancianos, discapacitados y embarazadas. He visto a un señor mayor, pero con fuerza darle un codazo a otra persona de la tercera edad para llegar primero al puesto o entrar primero al vagón y poner ojos de culebra brava a ver si puede apoderarse de algún puesto. Como diría mi padre de ochenta y tantos año, la caballerosidad no tiene vencimiento en el calendario, pero si en el metro.

También los jóvenes que antes disimulaban haciéndose los dormidos o metidos en sus celulares,  ahora compiten con embarazadas y personas mayores para sentarse de lo más cara duras, sin siquiera pestañear, se sientan, incómodos tal vez por las miradas de los otros pasajeros que sin disimular los miran con algo de desdén, pero van sentados, la generación del cansancio.

Las colas, el viaje es toda una Odisea, donde te puedes encontrar con todos los monstruos de los clásicos griegos conviviendo con los caminantes de The Walking Dead. Atás quedó el ambiente de amabilidad, de sonrisas  del Metro, sólo miedo y amargura se nota en nuestras caras y eso y qué somos el país más alegre del mundo.



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AQUÍ IBA UNA IMAGEN CÓMICA PERO NO HAY ÁNIMO PARA ELLO.

lunes, 2 de diciembre de 2013

Metro suto

Sucede que el Metro de Caracas es el mejor lugar para entrenar, si no lo creen ya habrán visto los ciclistas paseando sus bicicletas en los vagones, estorbando un mundo y pasándose la seguridad es tarea de todos por la raya de las lycras que usan. Me pregunto cuándo veremos algún circuito de carros de carreras o alguien llevando un ka-yak.

También podemos practicar carrera de obstáculos al tratar de entrar o salir de un vagón, son innumerables los paquetes que llevan la gente producto de las colas maduras de un pueblo socialista, se ve que el capitalismo salvaje y arrogante se ha ido bien lejos a hacer otra cola para adquirir más patria plasma. Algunos prefieren practicar salto con tirabuzón con aterrizaje en las caderas o pecho de otro usuario o usuaria, esto es lanzarse  en el momento justo cuando toca el timbre de cerrado de la puerta y escoger el vagón más lleno y abalanzarse con toda la fuerzas contra la humanidad de los apretados usuarios o usuarias, para quedar tan pegado a la otra humanidad que sería difícil saber quién es quién y que parte de la humanidad pertenece a quién. Somos cálidos en eso, no como los japoneses que aprovechaban para compartir otras cosas.

También el sueño es compartido, todo hombre sentado caerá en una especie de meditación transcendental, que lo hará hasta olvidar su sexo, caballerosidad, amabilidad y humanidad tan pronto que es el curso de meditación más rápido del mundo, claro es imprescindible que una mujer con niño en brazo, embarazada, anciano/a, discapacitado u otro que requiera sentarse esté presente en el vagón. Están los otros violentos pasivos que viajan con la novia, la amapuchan, pero son incapaces de dar su asiento a una embrazada, será que esa mujeres no saben que la conducta actual sólo refleja las posibles conductas futuras,así la tratará en un futuro, están jugando a un salto al vacío.

O si prefieres un dulce regreso, puedes comprar caramelos a medio precio en la estación Ciudad Universitaria para adelante, donde docenas de vendedores hacen turnos para vender sus golosinas, sin que el avispado y entrenado equipo de seguridad del Metro y los PN se den cuenta, estos vendedores ambulantes cuentan con la habilidad de mimetizarse con las paredes y piso mientras esperan en gran número el próximo tren donde vender.

El Metro sin duda es una repuesta para nuestra ciudad, pero se ha convertido en una tortura caótica, en un submundo anormal y anti-civilizado que a veces espanta.

domingo, 14 de julio de 2013

Widgets para Sentarse en el Metro

Presentamos la colección de widgets para sentarse en el Metro. No finja dormir, no finja que ancianos, mujeres y discapacitados tienen el mismo efecto que el rivotril en usted.
Pare de oler el periódico que no lo lee con la frente, para no ceder el puesto.
Deje de empujar a todo el mundo, incluyeno la señora de 90 años que lleva el tarata(etc) nieto en sus brazos y consiga su puesto fácil y con espacio para usted.
Consiga puesto, sin dejar de "bucear" a todas la mujeres.
De venta en cualquier cuchitril de la Av. Baralt o Libertador o con su proveedor de confianza.